Circulación extracorpórea urgente para salvar vidas

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Fuente @Diarioenfermero.es

DAVID RUIPÉREZ.- Ante una para cardiaca en plena calle o en un domicilio, el empleo -en las condiciones adecuadas- de la circulación extracorpórea a través de membrana oxigenada (ECMO, por sus siglas en inglés) puede mejorar las tasas de supervivencia sin por ello poner en riesgo la viabilidad de los órganos, de cara a una donación si el paciente finalmente fallece. La evidencia en torno a este procedimiento se acumula y es el eje de las últimas investigaciones del enfermero de Emergencias, Iván Ortega, profesor de Ciencias de la Salud de la Universidad de Alcalá de Henares, licenciado también en Derecho y experto en bioética. “La causa de la muerte súbita en casi tres de cada cuatro adultos que la sufren es reversible y tratable médicamente. España, que no ofrecía aún la ECMO para la reanimación de paradas cardíacas extrahospitalarias, comienzan a implementar programas de este tipo. La máquina ECMO se instaura a la llegada al hospital donde nos están esperando. Actualmente solo París está instaurando la ECMO al paciente en plena calle, pero la estrategia que se postula en el resto del mundo donde no se ha podido extrapolar aún la experiencia de París es llevar lo más rápido posible y bajo reanimación de alta calidad al paciente a la puerta de Urgencias dónde está esperando el equipo para anular al paciente y ponerle la ECMO”, explica Ortega a diarioenfermero.es.

“La ECMO -explica Ortega- permite bombear sangre enriquecida de oxígeno a un paciente cuya función circulatoria se ha deteriorado. En el caso de una parada cardíaca, sustituye la función circulatoria totalmente inexistente por haberse detenido la bomba cardíaca de forma súbita. Esta técnica permite, de este modo, que la sangre oxigenada llegue al cerebro y al resto de órganos diana en condiciones similares a las de un individuo sano.

El enfermero de Emergencias, Iván Ortega

Asegurar el riego

Para Ortega, la clave reside en que “durante la ECMO, aseguramos el bombeo de sangre al cerebro y este se encuentra protegido, el equipo sanitario puede buscar la causa subyacente que originó la muerte súbita, identificarla y tratarla. Durante ese tiempo, el cerebro se encuentra protegido de daño, por lo cual tras recuperar la función circulatoria habremos salvado al paciente y sin secuelas neurológicas”.

El cambio de paradigma que se deriva de trabajos como la tesis doctoral de Ortega tiene su origen “al constatar desde una mirada enfermera, que la tecnología de la ECMO se ofrecía en otros países del mundo para individuos en parada cardíaca mientras que en España la estábamos empleando para mantener los órganos de los pacientes recién declarados fallecidos tras una reanimación infructuosa. Mientras en otros países mejoraban así las tasas de supervivencia de ciertos pacientes que sufrían una muerte súbita, en España declarábamos a ciertos pacientes como insalvables y, tras declararlos cadáver, aplicábamos la ECMO para mantener los órganos dentro de su cuerpo hasta la extracción y posterior trasplante. Y en esto éramos pioneros y referentes mundiales. Fue difícil conseguir que los profesionales de la reanimación y los de la donación y trasplante de órganos remasen en la misma dirección. Pero mi perfil académico y profesional mixto, como jurista especializado en Derecho de la salud, experto en bioética y enfermero de emergencias, me permitió abordar la cuestión de forma integral: desde los cuidados, desde la ética y conforme a la legislación vigente”, añade el enfermero, que ha participado recientemente en un encuentro sobre el tema celebrado en la facultad de medicina de la Universidad de Harvard, en Boston.

El rol del ciudadano

Por otra parte, para Ortega, el papel de los ciudadanos en una emergencia de esta índole resulta crucial, que reaccionen con eficacia y llamen al 112 tras identificar que se trata de una parada cardíaca y sepan hacer una reanimación mediante compresiones torácicas y boca a boca. ”Si eso se ha hecho de forma precoz y eficaz y los sanitarios identificamos que la causa es reversible, debemos trasladar sin dilación al paciente mientras mantenemos la reanimación de forma ininterrumpida y con cuidados avanzados de calidad in itinere para llegar al hospital y ofrecer la circulación extracorpórea. Si, pese a todos los intentos por salvar la vida y tras ofrecer, si es el caso, la ECMO durante la reanimación, el paciente no sobrevive, se puede mantener esta ECMO en el hospital y preservar los órganos si el paciente dejó dicho en vida que quería ser donante para luego extraerlos horas más tarde”.